High Tech High

High Tech High es una red integrada de colegios de la zona de San Diego (EE.UU.) con una innovadora visión de la educación cuyos excelentes resultados avalan. Tienen un enfoque especial de la educación y conceden especial importancia a la enseñanza de las matemáticas, ciencias e ingeniería.

Todos los contenidos académicos, a excepción de dos cursos, se enseñan a través de proyectos interdisciplinarios. Incluso las asignaturas de ciencias y matemáticas se basan en proyectos más que en libros de texto. Para pasar de curso, los estudiantes tienen que enseñar muestras de su trabajo reunidas en portfolios digitales a un tribunal compuesto por profesores, otros alumnos y adultos de fuera de la escuela.

Las metas de HTH  son:

  • servir a un cuerpo de estudiantes que refleje la diversidad étnica y socioeconómica de la comunidad local
  • integrar la educación técnica y académica para preparar a los estudiantes para la educación superior en los campos de la Alta Tecnología y las Artes
  • incrementar el número de estudiantes en desventaja educativa en las matemáticas y la ingeniería que tengan éxito en las educaciones secundaria y superior
  • graduar a estudiantes para ser ciudadanos reflexivos y comprometidos.

HTH ha creado su propia escuela de posgrado en materia educativa, la Graduate School of Education (GSE), la primera escuela de posgrado estadounidense que ofrece masters en liderazgo del profesorado y liderazgo escolar.

El MIT apuesta por los ciudadanos científicos

El físico Sebastián Seung (Nueva York, 1966) aspira a cartografiar las conexiones neuronales. En eso consiste el proyecto Conectoma, expuesto en el libro El proyecto Conectoma. Cómo las conexiones neuronales determinan nuestra identidad, que Seung presentó en España de la mano de BBVA: “Quiero hacer una presentación de las conexiones en nuestro cerebro similar a la que encontramos cuando tomamos la revista de una línea aérea y vemos el mapa con todos lo destinos, de dónde a dónde se viaja, cómo, en cuánto tiempo…” La investigación que dirige tiene la misión de hacer un mapa tan preciso de las conexiones neuronales como el que se tiene del genoma. Este determina nuestros rasgos genéticos a partir de la conexión entre nucleótidos (nuestro ADN). Al conectoma le correspondería la tarea de aglutinar “la totalidad de conexiones entre las neuronas de nuestro sistema nervioso”. El libro revela los increíbles avances tecnológicos que pronto nos permitirán realizar el mapa de los conectomas.

Entre estos avances se cuentan: el poder de la tecnología actual, ordenadores de última generación y microscopios sensiblemente más avanzados que los de hace un siglo. Y un arma secreta, lo que hace diferente a este proyecto: la participación social. Neurocientíficos del MIT han creado EyeWire, una comunidad online de científicos ciudadanos que ayudan a cumplir el objetivo del proyecto Conectoma. EyeWire se dedica el mapeo de la retina. Cartografiar toda esta red requiere una gran parte de trabajo manual que toma mucho tiempo. Por eso decidieron recurrir a la participación ciudadana de un modo que no requiere ningún conocimiento especializado: jugando. Los participantes deben conectar las neuronas de una porción de retina, y esto se hace coloreando el recorrido de las conexiones neuronales en una representación gráfica de la retina. Los participantes de EyeWire “ayudan a mejorar los sistemas de inteligencia artificial”, explica Seung. “Cuanto mayor sea el número de gente corrigiendo y aportando, más preciso será nuestro sistema”. De momento cuentan con más de 30.000 integrantes. Las dinámicas de juego incentivan la participación. Quien corrija mejor los patrones reflejados en la web o envíe fallos va ganando puntos.

Actualmente se están reconstruyendo las neuronas individuales, y en una etapa posterior, se desarrollará otro juego para mapear las sinapsis y así completar el Conectoma.

El MIT cuenta con otros proyectos que confían en los ciudadanos para avanzar en sus investigaciones, como Planet Hunters, dedicado a la astronomía y Fold.it, que propone rompecabezas.

Fuentes
El país

Música y ciencia: Aviador Dro

A los lectores de cierta edad les sonará el nombre Aviador Dro, uno de los grupos más peculiares de La Movida. Pioneros del pop electrónico, los madrileños han tenido muy presente la tecnología en sus composiciones. Aparatos y máquinas de todo tipo son un miembro más de la banda.

30 años después de sus comienzos, Aviador Dro salta de nuevo a la palestra con la presentación de La voz de la ciencia, una edición limitada de disco y libro de divulgación científica. Obra multidisciplinar cuya idea es “la divulgación de las perspectivas y desafíos de la ciencia en el siglo XXI”.

El libro recrea la filosofía de la “música aumentada”, que inspiró a esta formación en los ochenta, a través de textos inéditos de 18 científicos de primera línea, entre ellos Rosalind Picard, Pedro Serena y Manuel Toharia. Por su parte, el CD está formado por “13 retos científicos bailables”, es decir, 13 canciones protagonizadas por el bosón de Higgs, el entrelazamiento cuántico, el multiverso, o la materia y energía oscura.

Piensan que en la música convergen arte y ciencia, y que por eso esta sería la primera disciplina en poder ejecutar obras a partir del pensamiento. La música “Es ciencia pura: física y matemáticas”, afirma Alejandro Sacristán, componente del grupo.

Esta iniciativa nos parece original, ingeniosa y muy creativa. Al tiempo que derriba barreras entre arte y ciencia, acerca esta última al público de una manera inusual y divertida.

Fuentes
El país
Más información en su web

Ciencia adolescente

Las Conferencias TED son mundialmente conocidas por la variedad de temas tratados, su enorme difusión y el prestigio de sus ponentes. Las protagonistas de este vídeo, sin embargo, no son científicas famosas. De momento. Son las ganadoras de la Feria de Ciencias de Google y tienen entre 13 y 18 años.

Una a una y con gran soltura en el escenario, van explicando sus proyectos: cómo nacieron sus ideas, qué motivó sus experimentos, cómo formularon sus hipótesis, la planificación de los proyectos, la (complicada) búsqueda de ayuda y laboratorios donde trabajar, el desarrollo de las investigaciones y, por supuesto, los resultados.

Sin duda estas chicas han encontrado su pasión y, el mundo de la ciencia, unos relevos prometedores.

El pensamiento científico de los niños

La revista Science ha publicado un trabajo de la Universidad de Berkley (California), que afirma que los niños pequeños aprenden empleando un pensamiento muy similar al de los científicos: mediante estadística, hipótesis e inferencias causales.

Varios experimentos demuestran que niños menores de 2 años son capaces de inferir, mediante la observación, estados mentales subyacentes, como, por ejemplo, las preferencias de una persona.

Otro experimento constata que niños de 4 años extraen relaciones causales tras observar las acciones de otras personas y el resultado de esos actos. Después aplican esas conclusiones a su propia acción.

Es decir, que, para aprender, los niños analizan patrones estadísticos, hacen experimentos y asimilan conocimientos mediante la observación, todos ellos procesos inductivos como los de la ciencia.

Esta investigación refutaría la pedagogía de Piaget, según la cual el pensamiento infantil es ilógico, irracional y limitado. La aplicación de este descubrimiento sería muy beneficiosa a la hora de diseñar didácticas de la ciencia que aprovecharan esta curiosidad natural de los pequeños para fomentar el interés por las disciplinas científicas.

http://www.agenciasinc.es/Noticias/El-pensamiento-infantil-es-cientifico

http://www.sciencemag.org/content/337/6102/1623.abstract?sid=0874c8c3-7ead-4e17-8466-555248b3bbad

La motivación

“He dejado la carrera: no me motivaba”, “mi hijo está todo el día tirado en el sofá, parece que no le motiva nada”, “este partido lo ganamos, estamos súper motivados”… son frases que a todos nos suenan. Tal vez las hayamos pronunciado nosotros mismos.
Motivación parece una palabra comodín, ¿pero qué significa y qué implica este concepto?

EC | Madrid | Septiembre 2012

Todo el mundo está preocupado por la motivación. Los profesores quieren motivar a sus alumnos, los empresarios a sus trabajadores, los comerciantes a sus clientes, los sacerdotes a sus fieles. Por eso, parece imposible que “motivación” sea un concepto moderno, y que en los años sesenta estuviera a punto de desaparecer del vocabulario. ¿Qué es realmente la motivación? ¿Cómo podemos motivar a otros o motivarnos? ¿Cómo podemos motivar para algo concreto como, por ejemplo, la ciencia?

En  lenguaje llano, “estar motivado” significa tener ganas de hacer algo. Esto supone que se puede estar fuertemente motivado para no hacer nada.  Salvo las personas deprimidas, todos estamos motivados para hacer algo. “Motivación” es un concepto que engloba los tres elementos que influyen en el inicio y la dirección de un comportamiento: los deseos, los premios y las circunstancias que facilitan o complican la acción. Quiero ganar dinero (deseo), este es un buen negocio (premio) y además no me exige esfuerzo (facilitador). Esos tres elementos constituyen la “fuerza de motivación”. Cuando pretendo que alguien tenga ganas de hacer algo, o estimulo su deseo, o aumento el premio, o se lo pongo muy sencillo. O, por supuesto, las tres cosas al tiempo.

Cuando queremos motivar a alguien, por ejemplo a nuestros alumnos o a nuestros colaboradores o a nuestras parejas, estamos intentando transferirles nuestros intereses. Es decir, pretendemos que ellos tengan ganas de hacer lo que a nosotros nos parece que sería bueno que hicieran. Ahí radica la dificultad, porque es muy difícil inducir un deseo de la nada. La solución está en relacionar lo que nos interesa con alguno de los deseos que ya tiene la otra persona. Afortunadamente, a pesar de la variedad de nuestros deseos, hay tres deseos fundamentales que compartimos todos, aunque en distintas dosis: el deseo de bienestar, el deseo de vinculación social, y el deseo de progresar, de encontrar sentido a lo que hacemos, de no sentirnos insignificantes.

Una de las tareas más necesarias y más difíciles de cualquier pedagogía es encontrar el camino para enlazar – por ejemplo, el estudio de las ecuaciones diferenciales- con uno de esos deseos. Eso puede hacerse  aumentando el bienestar del alumno (dándole un premio o facilitándole una experiencia agradable, como hacen los museos de ciencia), proporcionándole un reconocimiento social mediante el elogio; o haciéndole sentir que progresa. Esta es la misión que cumplen los premios y concursos de ciencias en que participa la Fundación Repsol.

Al hablar de proporcionarle una experiencia agradable que le sirve de premio, nos estamos refiriendo a un tipo de motivación muy importante, la llamada “motivación intrínseca”. Aprenderemos más sobre este tipo de motivación gracias a nuestra experta del mes, Teresa Amabile, y en la sección de la “entrevista a un libro”. En estricto sentido, se refiere a aquellas actividades que no se realizan con vistas a un fin, sino que son un fin en sí mismas. Jugar, por ejemplo; explorar; investigar.

Es evidente que esta motivación es la más eficaz y deseable, aunque no siempre es posible porque todas las actividades no son agradables. El bailarín está motivado intrínsecamente para bailar, pero no para entrenarse en la barra. En este caso tiene que tener muy presente, como premio, el bailar bien.

¿Se puede fomentar la motivación intrínseca hacia la ciencia? Por supuesto, pero para ello hemos de contagiar a los alumnos nuestro entusiasmo no por la ciencia, sino por la actividad científica. Veremos un caso histórico, el aumento del interés por las ciencias que se dio en los Estados Unidos tras el lanzamiento del Sputnik soviético, impulsado por planes del gobierno federal americano. La ciencia no es el conjunto de conocimientos corroborados que están en un libro. Ese es el resultado, algo así como el balance económico de una empresa, o las marcas de un deportista, o el resultado de un partido. Nadie puede sentirse emocionado o atraído por eso. Lo importante es la actividad, la pasión, la intriga, la curiosidad. Lo sabe bien Pedro Miguel Echenique, a quien hemos entrevistado.

Cuando los psicólogos hablan del flow, de la sensación de estar totalmente implicado en la actividad, se están refiriendo a ese estado en que una persona se identifica con lo que está haciendo. No se puede inducir una motivación intrínseca hacia la ciencia, si no se hace experimentar a los alumnos el atrayente dinamismo del investigar.

En este número veremos algunas formas de motivar hacia las ciencias y de mejorar la actitud hacia las matemáticas y las ciencias. Mostraremos testimonios de profesionales del ámbito científico y tecnológico sobre qué les movió a elegir esas carreras, que son toda una inspiración. También  veremos hasta qué punto influyen las expectativas que tenemos sobre las personas en su forma de motivarse. Un curioso experimento psicológico sobre el denominado “efecto Pigmalión” así lo demuestra.

Ciencia Ciudadana

La ciencia está saliendo de los laboratorios, se pasea por las calles de nuestra ciudad y entra en las casas de la gente “normal”. Y, es que gracias a las nuevas tecnologías, cualquiera puede contribuir al avance científico desde su salón. No hace falta ser un genio para participar en proyectos científicos, basta con que cada uno aporte su granito, urdiendo una red de colaboración a escala global.

Tres iniciativas ilustran esta era de ciencia hecha por ciudadanos:

Nature´s Calendar: En el Reino Unido se está estudiando el cambio climático gracias a la colaboración de miles de ciudadanos voluntarios, que vía electrónica registran y envían los cambios que observan en su entorno en relación a las distintas estaciones. Se trata de un proyecto colaborativo entrela ONG Woodland Trust y el Centre for Ecology and Hidrology del Gobierno Británico.

http://www.naturescalendar.org.uk/

Galaxy Zoo: Kevin Shavinsky era un estudiante de posgrado en astronomía que debía enfrentarse a una tarea colosal: la clasificación de 50.000 imágenes de galaxias tomadas por un telescopio. Al comentarlo con su compañero Chris Lintott, este le sugirió “¿por qué no pides ayuda al mundo?”. Poco a poco idearon una web que, mediante sencillos tutoriales, enseñaba a clasificar galaxias e incluía una gran base de datos de imágenes galácticas. El resultado fue abrumador. Una ingente cantidad de usuarios se mostró entusiasmada con la idea de participar identificando galaxias. Desde 2007, unos 300.000 usuarios han realizado casi 75 millones de clasificaciones y permitido importantes descubrimientos. No deja de crecer y acoge nuevos participantes cada día, se han unido varias universidades, publican blogs, foros…

http://www.galaxyzoo.org/

Ibercivis: podemos colaborar con la ciencia incluso de una manera totalmente pasiva: simplemente, cediendo la potencia computacional de nuestros ordenadores mientras no los estamos usando. Ibercivis es una iniciativa pionera en nuestro país basada en la computación voluntaria: se aprovecha la capacidad de cálculo de los ordenadores cuando están desocupados para realizar tareas derivadas de un proyecto de investigación español. Sólo se necesita que esté conectado a Internet y unirse a Ibercivis.

http://www.ibercivis.es/

Museos: Una gran experiencia educativa

¿Qué se hace en un museo científico? Observar, tocar, experimentar, manipular, jugar, aprender, divertirse, sentir, reír, pensar, investigar,  expresar, percibir, interpretar, razonar, emocionarse, deducir, imaginar, avanzar, disfrutar…

Desde hace unos años están proliferando los museos dedicados a la ciencia. Sus posibilidades educativas son innumerables y constituyen un recurso pedagógico de gran eficacia. También son un buen plan para hacer en familia.

En un buen museo de ciencia, se tienen más preguntas al salir que al entrar, porque son un elemento de curiosidad, de cambio: su misión es generar deseos de saber más. Son una buena forma de motivar a los chavales hacia la ciencia, haciéndoles vivir experiencias positivas en relación con ella y despertando su curiosidad

Eso sí, a nivel escolar, la visita al museo no debe entenderse como una simple salida lúdica, o como algo pasivo en donde “ya les enseñarán los del museo”. Lo ideal, para sacar el máximo rendimiento didáctico de los museos científicos, es que exista un trabajo compartido entre las aulas y los propios museos. Que la visita se integre significativamente dentro del plan de estudios. Los profesores deben trabajar antes de la visita, durante y después. Un museo de la ciencia es una gran herramienta de comunicación. Hay que aprovechar el debate que genera, alimentar la conversación entre alumnos y profesores, entre los propios alumnos o entre la familia.

En nuestro país contamos con una gran cantidad de museos de la ciencia:

 

El misterio de la curiosidad perdida

Un trapero que se precie no desdeña nada por considerarlo inútil, al contrario, saca partido de todo lo que se va encontrando. Nosotros hemos dado con un pequeño cuento que nos ha hecho reflexionar.

Ocurre algo extraño: los niños pequeños llevan las ganas de aprender en la sangre. Son paradigmas de curiosidad, de creatividad, de interés… No necesitan que se les motive para aprender, están ansiosos por hacerlo. Entonces ¿qué sucede para que, de repente, este deseo de saber desaparezca sin dejar rastro?

No se trata de buscar culpables, sino soluciones, pero muchas veces, los adultos podemos tener algo que ver en este triste suceso. Sin darnos cuenta, llevados de los interminables quehaceres que arrasan nuestras vidas diarias, prestamos poca atención a esta curiosidad infantil. Y la falta de estímulo a esta curiosidad hace que, poco a poco, se vaya disipando.

Por otra parte, está la ya célebre pregunta que se hacía Sir Ken Robinson en una de sus ponencias: ¿matan las escuelas la creatividad? Este tema nos interesa mucho, es todo un misterio. Sin duda, volveremos sobre él.

Y esta cuestión nos devuelve al punto de partida: el cuento. El niño es un relato en forma de poema de una famosa educadora estadounidense de mediados del siglo XX. Nos da mucho que pensar. Esperamos que a vosotros también.

En este enlace podéis leer la versión original:

Poema  «The Little Boy» de Helen Buckley ( Inglés)
Poema  «The Little Boy» de Helen Buckley (traducido al Español)

Videojuegos para aprender

Al hablar de videojuegos solemos imaginarnos a niños y adolescentes pegados durante horas a la pantalla del ordenador, matando el tiempo, pulsando botones compulsivamente, y sin mostrar el más mínimo interés en realizar ninguna otra actividad. Desde que las primeras consolas y juegos de ordenador se popularizaron en la década de los 80, se han convertido en una de las formas de entretenimiento preferidas por los más jóvenes, lo que no es de extrañar, ya que los videojegos «son cómodos, accesibles y económicos». Permiten el juego «en grupo o en solitario, en casa o en un cyber; influyen en la autoestima, la confianza en uno mismo y la capacidad de superación y son emocionalmente estimulantes debido a su intensidad y rapidez» (*).

A día de hoy, los videojuegos siguen generando una gran desconfianza y su uso recibe constantes críticas. Aunque quizá en muchos casos estas críticas estén justificadas – «favorecen una conducta impulsiva y agresiva y egoista a la vez que adictiva»- en muchos otros casos las reacciones son exageradas. Solemos olvidar que también divierten y entretienen, trabajan la atención, la percepción visual y la memoria, y ayudan a adquirir estrategias para «aprender a aprender«. Y este último potencial, la posibilidad de facilitar el aprendizaje de algunas competencias y habilidades que cada vez se valoran más, el que algunas instituciones y organizaciones están empezando a aprovechar.

GameStar Mechanic forma parte del creciente campo de la educación basada en el juego. Es una comunidad de juego on-line en la que chavales de entre 7 y 14 años pueden jugar, diseñar videojuegos y compartirlos con sus iguales mientras aprenden los principios del diseño de videojuegos y del pensamiento sistémico. Pero no sólo eso, ya que GameStar Mechanich ha sido diseñado para fomentar habilidades como la resolución de problemas, la creatividad, el espíritu colaborativo, además de mejorar la alfabetización digital y la motivación por el aprendizaje de las carreras de ciencias y las ingenierias. Uno de los socios creadores de esta comunidad es el Insituto del Juego (Institute of Play), una organización sin ánimo de lucro fundada por un grupo de diseñadores de videojuegos que cree que es posible crear nuevos modelos de aprendizaje que nos permitan formar a una «ciudadanía educada, comprometida y segura de sí misma, capaz de encontrar y resolver problemas complejos, audaz, y con una gran capacidad de inventar e innovar».

Pero no son los únicos que piensan que los videojuegos nos pueden ayudar a formar a personas más creativas. También el prestigioso MIT (Intituto Tecnológico de Massachussetts) cuenta con una división dentro de su Laboratorio de Medios que se dedica a crear nuevas tecnologías que expandan el campo de lo que la gente es capaz de crear, aprender y diseñar. Esta división, el Lifelong Kindergarten, ha desarrollado Scratch , un entorno gráfico de programación que facilita que niños a partir de 8 años puedan crear sus propias historias interactivas, juegos, animaciones o simulaciones y que puedan compartirlas con otros a través de internet. El programa esta formado por bloques de progamación que los chavales pueden ir uniendo como piezas de lego hasta completar un proyecto; al mismo tiempo, manejan importantes conceptos matemáticos e informáticos y, sobre todo, aprenden a pensar de forma creativa, a razonar de manera sistemática y a trabajar en colaboración con otros.

Fuentes
– Papeles del psicólogo. Septiembre , número 3 VOL-28 , 2007. EL ADOLESCENTE ANTE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN: INTERNET, MÓVIL Y VIDEOJUEGOS M. Castellana Rosell, X. Sánchez-Carbonell, C. Graner Jordana y M. Beranuy Fargues

Ciencia en la escuela

Science in School es el nombre de una publicación digital – creada originalmente por la Comisión Europea y que en la actualidad publica y financia una asociación de las 8 mayores agencias científicas intergubernamentales de Europa – pretende promover una enseñanza de las ciencias que sea inspiradora, alentando la comunicación entre los científicos, los profesores y todas aquellas personas implicadas en la educación de la ciencia en Europa.

La publicación informa sobre las distintas iniciativas que en materia de la enseñanza de ciencias, en cualquiera de sus disciplinas, se están dando en Europa. Resalta las mejores prácticas educativas y las investigaciones más punteras.  Los contenidos incluyen también materiales educativos para que los profesores puedan utilizar en sus clases. Estos materiales no sólo cubre los campos científicos más tradicionales en el mundo de la enseñanza como son la física, la química y la biología, sino que incluyen temas sobre ciencias de la tierra, ingeniería, y medicina, centrándose en un enfoque multidisciplinar.

Los contenidos de esta revista se publican cuatrimestralmente, están disponibles de forma gratuíta y se encuentran traducidos a más de 30 lenguas, entre las que se incluyen algunas de las lenguas minoritarias de Europa, como el catalán o el gallego  y otras extra-comunitarias, como el turco o el ucraniano. También se distribuyen copias impresas en inglés en varios paises de Europa. Aunque no hace falta estar registrado en la página para acceder a los contenidos, el hacerlo permite recibir la versión impresa, incluir comentarios en los artículos y participar en el foro de discursión.

Fuentes
– Science in School:  www.scienceinschool.org.

La Inteligencia Social

Los neurólogos lo dicen tajantemente: el cerebro humano es un cerebro social. Sólo se desarrolla en comunicación con otros humanos. La inteligencia es un híbrido de biología y cultura.

EC | Madrid | Julio 2012

Cuando un niño nace posee un cerebro configurado hace doscientos mil años. Pero al llegar a la adolescencia lo ha convertido en un “cerebro moderno”. En ese breve período de tiempo ha asimilado las creaciones culturales de la humanidad: el lenguaje, el control de las emociones, las funciones ejecutivas, la capacidad de vivir en sociedades extensas, la habilidad técnica. Todo eso es lo que llamamos “cultura”. La cultura cambia las funciones mentales y, cada cultura, lo hace a su manera, como ha estudiado Jerome Bruner, uno de los grandes psicólogos del siglo XX. No se puede entender la actividad mental a no ser que se tenga en cuenta el contexto cultural y sus recursos, que le dan a la mente su forma y amplitud. Aprender, recordar, hablar, imaginar, todo ello se hace posible participando en una cultura.

 

«La cultura da forma a la mente –afirma- nos aporta la caja de herramientas mediante la cual no sólo construimos nuestro mundo, sino también nuestros poderes. Me intriga cada vez más una pregunta: ¿Dónde está el conocimiento, fuera o dentro de nuestra cabeza? Cada uno de nosotros asimilamos parte de los conocimientos que hay fuera. Los significados están en nuestras cabezas, pero tienen su origen en la cultura». Si esto es así, tiene una gran importancia para nuestras vidas, porque de la calidad de la cultura que nos rodea va a depender la calidad de nuestra mente.

La afirmación no puede ser más clara. Las ocurrencias individuales, las ideas y motivaciones, los proyectos, están influenciadas por la cultura. Einstein tal vez haya sido la gran inteligencia del siglo XX, pero no lo habría sido si hubiera nacido en una tribu africana. Por eso es tan importante el tipo de cultura que se fomenta. Hay culturas belicosas y culturas pacíficas. Hay culturas tradicionales y culturas innovadoras. La relación con la novedad es un test decisivo para la personalidad de los sujetos o de las sociedades. La cultura griega, de la que todos somos herederos, lo demuestra. Inventaron la filosofía, la ciencia, la geometría, la democracia. Lo más notable de aquellos hombres era su confianza en que la novedad nos haría mejores. Uno de los libros del «Corpus Hippocraticum» (De prisca medicina) dice: «Descubrir cosas nuevas o rematar las investigaciones que aún no se han concluido, es la ambición y tarea de la inteligencia». Aristóteles se refiere a un tal Hipodamos de Mileto que, en un proyecto de Constitución, había propuesto una ley para recompensar a quienquiera que inventase algo útil para la patria. Tucídides, al principio de La guerra del Peloponeso, hace que un enviado corintio se dirija a los espartanos para advertirles que sus técnicas están anticuadas en comparación con las de sus enemigos y que, por tanto, como ocurre siempre con las técnicas, fatalmente lo nuevo derrotará a lo viejo: «porque así como a la ciudad que tiene quietud y seguridad le conviene no mudar las leyes y costumbres antiguas, así también a la ciudad que es apremiada y maltratada por otras le conviene inventar cosas nuevas para defenderse, y esta es la razón por la que los atenienses, a causa de la mucha experiencia que tienen en estos asuntos, procuran siempre inventar novedades».

España, por el contrario, nunca ha sido amiga de novedades. En 1674, Covarrubias, en su magnífico «Tesoro de la lengua española» define así la palabra «novedad«: «Cosa nueva y no acostumbrada. Suele ser peligrosa por traer consigo mudanza de uso antiguo». Hasta Luis Vives, tan progresista, llegó a sostener en uno de sus escritos políticos que la virtud, como hábito de conducta en lo moral y social, era enemiga de novedades. El exabrupto de Unamuno, al decir «¡qué inventen ellos!», está en la misma línea.

Por medio de la valoración que hacen de la novedad, las sociedades favorecen o dificultan la creación. Hay sociedades con gran dificultad para soportar la novedad. Los balineses, por poner un ejemplo, temen sobre todo a lo imprevisto. De ahí que su cultura sea una cultura del ritual, del filtro, de las cautelas. Lo mismo sucede en las sociedades muy tradicionales, a cuyos miembros les resulta difícil imaginar siquiera lo que «podría suceder». En un curioso estudio llevado a cabo en pueblos de Arabia, se preguntaba a los campesinos cómo reaccionarían si tuvieran que vivir en un país no musulmán. No contestaban nada porque no podían imaginarse siquiera tal situación.

Si queremos tener una escuela innovadora, unas empresas innovadoras, una sociedad innovadora, tenemos que conocer los mecanismos para fomentar una cultura de la innovación. Los estudios preliminares están publicados en el Libro blanco: “Como construir una cultura del Emprendimiento, la Innovación y la excelencia”, financiado por la Fundación Repsol. En este número precisamos y continuamos esas investigaciones.

Jornadas sobre Ciudades Creativas

La Fundación Kreanta inició su andadura en enero de 2007, y en abril de ese año comenzó a gestarse el proyecto de Ciudades Creativas. Este programa se desarrolla muy vinculado a la organización de unas jornadas anuales, que han tenido lugar en lugares tan diversos como Sitges, Barcelona, Zaragoza o Madrid. Estas jornadas nacen con la idea de impulsar la reflexión y el análisis sobre cuatro ejes (cultura, territorio, economía y ciudad), y con una intención: promover el diálogo y el debate del sector cultural con los sectores del urbanismo y la promoción económica local. Los resultados de las jornadas se presenten bajo el formato de libros editados en papel, y de vídeos, a los que se puede acceder a través de la web de la Fundación.

Como señala Félix Manito, presidente de la Fundación, ésta se propone avanzar en la definición de una Agenda Local de las Industrias Culturales y la creatividad, como primer paso de un proceso que necesita de un amplio consenso de todos los agentes implicados, instituciones, sociedad civil, y el propio sector; y promover la creación de una red social con multiplicidad de actores y una geometría territorial amplia y variable.

Ferran Mascarell, participante en una de las jornadas organizadas por la Fundación, asegura que el principal reto de cualquier ciudad que quiera ser realmente creativa es convertir la cultura-no sólo la creatividad-en el factor constituyente del desarrollo urbano. “No puede surgir creatividad en lugares que no practican la cultura de la identidad, que no profundizan su modelo de progreso económico o que no mejoran sus formas de convivencia y de ejercicio de la política”.

 

Fuentes
– Ciudades Creativas. Volumen 2. Creatividad, innovación, cultura y agenda local. Félix Manito (editor). Fundación Kreanta, Barcelona, 2010.
– Web de la Fundación Kreanta

Jared Diamond: El colapso de las civilizaciones

Jared Diamond es profesor de Geografía en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA). Médico de formación – también fue profesor de fisiología en la Escuela Médica del UCLA -, es un prolífico autor de artículos científicos y ensayos cuyo trabajo cubre una amplia variedad de campos. Experto en temas tan diversos como la biología, la ecología, la historia, la antropología, la economía y la política ganó el Premio Pulitzer (1998) por su libro “Armás, Gérmenes y Acero” donde analiza el progreso de las diferentes civilizaciones y propone una explicación a la aparente predominancia de la cultura occidental europea.

En la conferencia del TED que les presentamos, Jared Diamond desarrolla la tesis de uno de sus últimos y más exitosos libros: “Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen”, (Debate, 2006). Para escribir este ensayo el autor dedicó seis años a recorrer el mundo obteniendo datos de primera mano para analizar el esplendor y la decadencia de sociedades tan diferentes como las que habitan las tierras meridionales de Montana, China y Australia o las que habitaban la Isla de Pascua, Groenlandia o la Península del Yucatán. Como resultado de esta investigación el doctor Diamond ha creado un esquema de cinco puntos que ayudan no sólo a comprender por qué las civilizaciones declinan, sino a descubrir cómo evitar que nuestra propia civilización colapse. Como en este número de EC estamos estudiando la inteligencia de las sociedades nos ha parecido importante estudiar también su contrario, es decir, su estupidez.

Data Mining, Big Data, Data Science

Actualmente, la cantidad de datos informáticos que se generan y procesan a diario en las organizaciones públicas y privada sobrepasa lo que hasta hace poco eramos capaces de imaginar. La creciente incapacidad para analizar en tiempo real estas gigantescas cantidades de datos mediante los métodos tradicionales y la necesidad de empresas y gobiernos de descubrir en ellos patrones, relaciones o reglas que aporten información importante para la toma de decisiones o para evitar catástrofes, tanto naturales como de orden social, han resultado en la creación de una nueva serie de conceptos que empiezan a utilizarse en distintos ámbitos y con intención de poderlos aplicar a la, también nueva, Ciencia de la Predicción.

Data Mining, Big Data y Data Science son tres expresiones casi sinónimas y se refieren refieren al interés de aprovechar las gigantescas masas de información de que disponemos para tomar decisiones. El McKinsey Global Institute publicó en 2011 un informe titulado «Big Data; The next frontier for innovation, competition, and productivity». “Big Data –definen- se refiere a datasets cuyo tamaño supera la habilidad del típico software de bancos de datos para capturar, almacenar, gestionar y analizar información. Esta definición es intencionadamente subjetiva e incorpora una definición móvil. No definimos los big data en términos de terabytes porque asumimos que la tecnología avanza velozmente y porque en cada sector puede tener un nivel distinto de tratamiento.”

Muchas compañías están usando los big data para crear valor. Tambien los gobiernos pueden aumentar la productividad de su administración utilizándolos, Sin embargo, el reto es difícil porque hace falta expertos muy especializados en essta tarea. La gestión de los big data pueden producir los siguientes beneficios:

  1. Crear transparencia
  2. Fomentar la investigación para descubrir necesidades, exponer variantes y mejorar las performances
  3. Segmentar la población para relacionarse con los consumidores
  4. Reemplazar/apoyar las decisiones humanas con algoritmos automatizados
  5. Innovar creando nuevos negocios, modelos, productos y servicios

“El uso de los big data –afirma el informe- se está convirtiendo en la clave para que las grandes compañías superen a sus rivales” .

Los laboratorios del procomún

Según el diccionario de María Moliner la palabra procomún proviene de los términos provecho y común. Por tanto, procomún es todo aquello que tiene utilidad pública, que pertenece a la comunidad; lo forman cosas tan obvias como el aire, el agua o la vida salvaje pero también incluye inventos como Internet, los números o las patentes farmaceúticas, y creaciones sociales como “las bibliotecas, los parques, la investigación científica y el conocimiento público acumulado a través de los años”.

Para reflexionar sobre esos “bienes que nos pertenecen a todos y a nadie en particular”, el Ayuntamiento de Madrid, a través del MediaLab-Prado puso en marcha en el año 2007 una linea de trabajo conocida como los Laboratorios del Procomún. Este grupo de trabajo, dirigido por el investigador científico y autor granadino Antonio Lafuente, pretende estudiar todos los elementos que conforman este conjunto de recursos, que, de manera general, “está constituido por las cosas que heredamos o creamos conjuntamente y que esperamos legar a las generaciones futuras” y que deben ser protegidas y conservadas.

En su primer curso de andadura (2007-2008), expertos en ciencia, biología, derecho económico e internacional, teoría económica, derechos de propiedad intelectual, arte y movimientos sociales, critica cultural, biocomputación, tecnologías de la información y la comunicación, filosofía política, salud pública y teoría del arte sentaron las bases de los que serían los grupos de trabajo que cinco años despues vertebran el proyecto. Estos grupos de trabajo se dedican a temas muy diversos, y entre ellos – y a modo de ejemplo – podemos encontrar: Cultura(s) de lo común, que está creando un marco teórico y un diccionario de lo común, Ciudad y Procomún, que investiga sobre el espacio público y la participación ciudadana, o Empresas del Procomún, que analiza los modelos económicos que emergen en torno al procomún o que contribuyen a generarlo.

Los grupos de trabajo del Laboratorio del Procomún se reunen periódicamente y trabajan online “para debatir y planificar acciones que ayuden a concienciarse sobre el valor de los diversos procomunes y sobre los peligros que los amenazan.” Además, organizan semanalmente sesiones presenciales con invitados externos en las jornadas conocidas como los Jueves del MediaLab-Prado.

Elinor Ostrom, gestión comunal de los recursos

En abril de 2012, Elinor Ostrom aparecía en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo publicada por la revista TIME. Dos meses después fallecía esta doctora en Ciencias Políticas y profesora de la Universidad de Indiana que tuvo el privilegio de ser la primera, y por ahora, única mujer galardonada con el Nobel de Economía en el año 2009. Recibió el premio de la academia, compartido con el economista Oliver E. Williamson, por su trabajo sobre la gestión de los recursos comunes por parte de individuos y comunidades.

En los años 60 y 70, la mayoría de expertos en política económica coincidía en afirmar que para que recursos comunes como el agua o la pesca no fueran sobre-explotados y esquilmados por parte de sus propios usuarios, debían ser, o bien privatizados, o bien controlados por los gobiernos para evitar su desaparición, lo que se dio en llamar “la tragedia de los comunes” (G. Hardin, 1968). Para su trabajo de graduación, Ostrom había colaborado con un equipo de investigación que estudiaba la política económica de un grupo de cuencas de agua subterránea del Sur de California y se familiarizó con los problemas de gestión con los de los usuarios de ese recurso común se encontraban. Ya en aquellos años, Ostrom empezó a desafiar el pensamiento ortodoxo afirmando que no siempre era necesaria la interevención de los mercados, las empresas o los gobiernos para gestionar correctamente el conjunto de los recursos comunes. En 1990 publicó “El Gobierno de los Bienes Comunes: La Evolución de las Instituciones de acción colectiva” donde reunió más de cinco mil casos de gestión comunal de los recursos, que le permitió demostrar empíricamente su teoría. En él estudia casos de gestión de los recursos mancomunados en Japón, el uso colectivo de los pastos en Suiza o las comunidades de regantes en España y Filipinas aportando ejemplos de comunidades que comparten bienes desde hace siglos sin esquilmarlos.

Criada en el seno de una familia obrera en los tiempos de la Gran Depresión, fue la primera de su familia en ir a la universidad y en doctorarse en un grado superior, en una época en la que la mayor parte de las mujeres sólo podían aspirar a trabajar como secretarias o maestras de escuela. Después de doctorarse en Ciencias Políticas en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) comenzó a trabajar como profesora en la Universidad de Indiana, donde ha desarrollado toda su labor investigadora. En 1973 fundó junto con su marido, Vicent Ostrom, el Taller Vicent y Elinor Ostrom sobre Teoría Política y Análisis de Gestión Política en la Universidad de Indiana, un foro interdisciplinar para la discusión académica basada en la experiencia.

Tal como se decía en artículo de la revista TIME, “después de los rescates de la TARP (Trouble Asset Relief Program, por sus siglas en inglés) y la devastación de la democracias europeas por parte de los tecnócratas financieros, el mundo está de nuevo empezando a apreciar lo que Elinor Ostrom lleva iluminando profunda, persistente y calladamente durante los últimos 50 años.”

Flip education: Dándole la vuelta a la clase

El uso de las nuevas tecnologías en la escuela y el éxito de algunas iniciativas TIC en el ámbito educativo – como la Khan Academy de la que les hablamos en el número anterior (EC nº 2, junio 2012) – han popularizado en poco tiempo un nuevo concepto: la flip education, literalmente, la educación dada la vuelta. Pero ¿en qué consiste exactamente?

La flip education, también conocida como “instrucción invertida” consiste básicamente en el intercambio del contenido que se trabaja durante las clases y en el tiempo de deberes. Si en la escuela tradicional el profesor dedica la clase a explicar un nuevo concepto y los alumnos deben trabajar sobre lo aprendido cuando realizan los deberes, los profesores que utilizan esta técnica educativa lo hacen al revés.

El profesor graba un video o Podcast con la explicación teórica de la lección y los alumnos, desde casa y con una conexión a Internet, puedan verla o escucharla antes de empezar a trabajar sobre ella en la escuela; luego, durante la clase, se abordan los temas más problemáticos, se resuelven dudas, se trabaja en grupo, se investiga, se crea… De esta forma, durante el limitado tiempo de clase, el profesor puede ayudar a quien más lo necesita, mientras que los alumnos más aventajados trabajan en grupo o se dedican a tareas más creativas para las que ya están preparados.

Para los defensores de esta técnica educativa, entre los que se encuentra el experto en motivación Dan Pink, los beneficios son numerosos, aunque EC ha querido resaltar las que nos parecen más importantes:

  • Establece el diálogo y el intercambio de ideas entre los estudiantes, los educadores y, posiblemente, expertos en la materia.
  • La parte teórica de una materia se trabaja en casa lo que permite que el tiempo de clase se dedica al trabajo colaborativo entre estudiantes, a la realización de ejercicios prácticos, a la realización de debates y al trabajo de campo.
  • Permite a alumnos con diferentes habilidades y estilos de aprendizaje aprender a su propio ritmo en un modelo tradicional.

Pero no todo el mundo cree que este sistema de organización de las clases sea tan beneficioso, y alertan sobre la muchas de las dificultades que genera, como que todos los alumnos hagan o puedan hacer los deberes (es decir, tengan una conexión a Internet y un ordenador) o asegurar la calidad de los contenidos elaborados por los profesores, su profundidad y amplitud.

Lo que parece claro, como recuerda Jonathan Martin, director de escuela y defensor de la “instrucción invertida”, es que la utilización de esta técnica no supone un cambio del paradigma educativo que reclaman voces como la de Michael Fullan o Sir Ken Robinson ( Changing Paradigms, Ken Robinson / RSA) sino que es una de las herramientas que la Web 2.0 pone a disposición de los profesores para que puedan ayudar a sus alumnos a aprender de una manera más creativa y flexible.

Si no puedes vercorrectamente este video pulsa aquí

 

Fuentes
– The Flipped Classroom Model: A Full Picture. Jackie Gerstein.
– Three Keys to Flipped Classroom. David Truss . Jackie Gerstein.

El Talento compartido

La bibliografía sobre inteligencia, innovación, management, se ha llenado de nuevas palabras y nuevos conceptos. Por eso hemos tenido que elaborar un diccionario de urgencia: inteligencia compartida, inteligencia colectiva, epistemic communities, inteligencia en red, computación social, computación distribuida, groupthink, smart mob, crowdsourcing, crowdwisdom, wikinomics, groundswell, innovación democrática, evolución espontánea. La NASA tiene un Laboratory of distributed intelligence, el MIT elabora un Handbook of collective intelligence. ¿Qué está pasando? ¿Es un progreso científico o una moda?

EC | Madrid | Junio 2012

En el Observatorio EC hemos llegado a la conclusión de que el fenómeno es real e importante. Por eso lo estudiamos. Con el nombre de “inteligencia compartida” designamos los fenómenos “emergentes” que aparecen en la interacción de inteligencias individuales. La inteligencia es una facultad individual, pero que necesariamente se desarrolla en un entorno social, que la estimula o la bloquea. Pondremos un ejemplo sencillo: la conversación. La comparación es pertinente porque, como afirmó en 2000 el Manifiesto Cluetrain (pregonero de la sociedad de la información), “el mercado es una conversación”. Se trata de un fenómeno compartido, en el que ninguno de los participantes sabe lo que va a pasar porque se retroalimentan mutuamente. El resultado puede ser brillante o deprimente. Lo mismo ocurre con las relaciones de pareja, el trabajo en equipo, la dinámica de las organizaciones, la eficacia de las empresas, la convivencia de una sociedad. En este número vamos a estudiar las interacciones entre grupos pequeños, y en el próximo entre grupos más grandes, como las ciudades.

En su número de abril, la Harvard Business Review dedica un artículo a los estudios del Laboratorio de Dinámicas Humanas del MIT sobre “la ciencia de construir un buen equipo”. Para recoger datos, equiparon a los miembros de varios grupos con aparatos electrónicos. A partir de informaciones referentes a su comportamiento, su modo de comunicarse, el tono de voz, el lenguaje corporal, el contenido de las conversaciones, etc., encontraron que los mejores predictores de la creatividad del grupo era el modo de relacionarse fuera de las reuniones formales. El éxito se debía, precisamente, a la comunicación. En ella se detectaron tres factores importantes: la intensidad (el número y naturaleza de los encuentros cara a cara), el compromiso (la distribución de la energía entre los miembros de equipo), la exploración (la búsqueda de conexiones, nuevas perspectivas). Los individuos más importantes para los equipos es lo que llaman “conectores carismáticos”. Circulan activamente, implicando a las personas en conversaciones cortas, de alta energía y se aseguran de que todos los miembros del equipo tienen la oportunidad de aportar algo. Kevin Dunbar, de la Universidad de Toronto, que ha estudiado el modo de relacionarse de los miembros de 16 laboratorios de biología, también ha encontrado que las reuniones semanales de todo el equipo producían los resultados más creativos. En su estudio profundiza más que el estudio del MIT, porque analiza mejor las relaciones conceptuales, y el uso de las analogías, comparaciones o metáforas para alumbrar nuevas ideas.

A pesar de sus estudios, Kevin Dunbar hace una afirmación que nos estimula a seguir investigando: “Sabemos muy poco sobre cómo funciona la inteligencia de los grupos”. En el Observatorio EC, creemos que se puede esbozar una teoría, siguiendo el modelo de inteligencia elaborado por José Antonio Marina. Nuestra inteligencia se estructura en dos niveles. En el nivel inferior –lo que llama “inteligencia generadora”- se capta, interpreta, elabora, guarda y produce información, mediante operaciones que no son conscientes. Una parte de esa información pasa a estado consciente, en forma de ideas, sentimientos, deseos, palabras, recuerdos, etc. Nos interesa saber cómo la información compartida influye en la generación de ocurrencias, y cómo debería ser para que esas ocurrencias fueran valiosas, brillantes y eficientes.

El fenómeno es fácil de describir. Supongamos una conversación entre dos personas X y Z, da igual que sean científicos, políticos o una pareja de enamorados. Cada una de ellas tiene su propia personalidad, memoria, conocimientos, intereses, miedos y deseos. X expone una opinión. Esa expresión dirige la actividad mental de Z, pone en juego su memoria, provoca una respuesta afectiva que influye en el modo de interpretar y relacionar la información. Si le provoca un efecto alegre, la información activada en su memoria de trabajo va a ser diferente a la activada por un sentimiento de ira. Al final de esta operación, se calla (es decir, rompe la comunicación) o emite una expresión. Esta opinión es recibida por X que tiene que realizar una actividad análoga: comprende, relaciona, amplía, establece, moviliza más o menos energía. Lo normal es que su siguiente expresión tenga en cuenta lo dicho por Z, lo que posiblemente encaminará su discurso por derroteros diferentes. En resumen, en una comunicación abierta, se producen influencias cognitivas y afectivas que mejoran o empeoran el régimen de ocurrencias de cada participante. Es una experiencia común: hablando con unas personas se nos ocurren más cosas que hablando con otras.

Llamamos “empresas inteligentes”, “organizaciones que aprenden”, “organizaciones que crean conocimiento” a aquellas que saben aprovechar la inteligencia compartida de todos sus miembros. Son organizaciones que aunque sus miembros no sean extraordinarios, por el modo en que interactúan pueden producir resultados extraordinarios. Ese plus es el que nos interesa conocer y fomentar.

Así funciona la inteligencia compartida/colectiva/social. ¿Por qué, entonces, no mantenemos este concepto, y hemos acuñado el de talento compartido/colectivo/social?. Todos los fenómenos que hemos descrito se refieren al aspecto cognitivo o afectivo de la inteligencia, pero ahora sabemos que existe un nivel superior, el ejecutivo, que dirige, regula, decide, organiza las metas, establece prioridades, y lleva a la acción las ocurrencias de la Inteligencia generadora. Es quien, en ese continuo intercambio de influencias, de nuevas ideas, selecciona el curso del proceso. El talento compartido por un grupo es el que no sólo es capaz de producir buenas ideas, sino el que tiene sistemas eficaces para tomar decisiones y ponerlas en práctica. Por ejemplo, en el campo de la política, los sistemas generadores son la sociedad civil, los lobbies, los partidos políticos, etc., mientras que los sistemas ejecutivos son, fundamentalmente, los parlamentos en un sistema democrático y el gobierno, todos ellos legitimados por el voto popular. En el campo de la empresa podemos tener ejemplos contundentes. Xerox Park fue posiblemente una de las empresas más inventivas del mundo de la informática y, sin embargo, no consiguió reconocer y aprovechar el valor de sus innovaciones. Un centro educativo puede cambiar radicalmente si cambia la calidad de sus equipos directivos. Y del mundo político es innecesario hablar dada la evidencia de estos fenómenos. Irving Janis, de la Universidad de Yale, ha estudiado porqué se toman malas decisiones políticas. Ha estudiado los procesos de decisión del fracaso de la invasión de Bahía Cochinos, el fallo en anticipar el ataque a Pearl Harbour, la escalada de la guerra de Vietnam, el fallido intento de rescate de los rehenes de Irán.

El talento compartido tiene que ver con el importante tema del liderazgo de los grupos, y la toma de decisiones. Lo trataremos en otro número de EC. Seguimos aprendiendo.

Hemos pedido a Fernando Trias de Bes, nuestro visitante de hoy, su opinión sobre este tema:

“En el último ensayo de Vicente Verdú, leí una comparación que me dio mucho qué pensar. Wikipedia contiene un 20% más de errores que la Enciclopedia Británica, pero en el primer caso los errores tardarán unas horas o días en corregirse, mientras que en la Enciclopedia Británica hay que esperar años hasta la siguiente edición.
Creo que esto resume de forma muy clara lo que significa el talento compartido o la inteligencia colectiva: se asume la imperfección porque el grupo o el colectivo colaborará cuales incansables hormigas en cincelar la piedra sobrante.
La ciencia avanza a base de resolver hipótesis consideradas falsas o erróneas. La inteligencia colectiva, sea en la Red o en otro ámbito, trabaja con elementos imperfectos. De ahí sus inmensas posibilidades. De la perfección podemos esperar contemplación o estudio, que no es poco.
Pero de la imperfección surge la posibilidad, la propuesta, la paradoja y, por fin, el avance”

Un disidente

En plena euforia del pensamiento colectivo, ha aparecido una voz disidente, y muy cualificada: Jaron Lanier, un peso pesado de la informática, el inventor de la tecnología de “realidad virtual” y, según la revista Time, una de las cien personas más influyentes de 2011. Le preocupa el “pensamiento de grupo”, que no está tanto en la cabeza de los tecnólogos como en la cabeza de los usuarios de las herramientas que promueven los totalitarios cibernéticos . “A la hora de diseñar la sociedad, el hecho de colocar el acento sobre la masa significa retirarlo de los individuos, y cuando les pides a las personas que no sean personas aparecen conductas propias de una turba”. En un ordenador sólo hay una masa caliente de silicio estampado atravesado por corrientes eléctricas. Los bits no significan nada sin una persona culta que los interprete (Contra el rebaño digital, editorial Debate, 2011, pgs 32,35 y 44). Esto nos recuerda una frase que nos gusta repetir: “Un burro conectado a Internet sigue siendo un burro”. Pero un sabio conectado a Internet puede ser más sabio.

En el Observatorio hemos llegado a una conclusión provisional. Nuestro pensamiento interactúa constantemente. De esa acción compartida puede derivarse talento o estupidez. Se impone por ello una cuiadosa evaluación.

Ciencia española finalista en la feria de Google

El trabajo de tres chicos riojanos de 15, 16 y 17 años ha sido elegido finalista en la Google Science Fair 2012. Esta es la segunda vez que Google, junto con el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), la compañía de juguetes LEGO, la National Geographic Society y la revista Scientific American, organizan esta feria científica, una competición on-line para chavales de entre 13 y 18 años con curiosidad científica . El requisito para presentarse al concurso, premiado con 100.000 dólares en becas o un viaje a las Islas Galápagos, era tener una pregunta que hacerse y la voluntad de responderla.

Para ello, los participantes han tenido que realizar una página web donde presentaran su proyecto siguiendo ocho pasos: una presentación personal, una pregunta o cuestión científica, una hipótesis, la investigación, el experimento, los datos, las observaciones y la conclusión. El grupo de estudiantes del IES Clavijo de Logroño, que se encuentran entre los 15 finalistas, nos explica su proyecto en este video.