03. La inteligencia social, Escuela

Ciudades educadoras

“Hoy más que nunca la ciudad, grande o pequeña, dispone de incontables posibilidades educadoras, pero también pueden incidir en ella fuerzas e inercias deseducadoras”. La Carta de las ciudades educadoras habla de las posibilidades de las ciudades de convertirse en agentes educativos permanentes plurales y poliédricos.

EC | Madrid | Julio 2012

Ciudades educadoras“Requerimos de una pedagogía de la ciudad para que nos enseñe a mirar, a descubrir la ciudad, para poder aprender con ella, de ella, aprender a convivir con ella. La ciudad es el espacio de las diferencias. La diferencia no es una deficiencia. Es una riqueza. Existe una práctica del ocultamiento de las diferencias, procedente del miedo de ser tocado por ellas, ya sean diferencias sexuales, diferencias culturales, etc. Una pedagogía de la ciudad sirve también para que la escuela construya el proyecto político-pedagógico de una educación en la ciudad.”

Moacir Gadotti (Filósofo y Pedagogo)

El concepto de Ciudad Educadora nos invita a mirar la ciudad con otros ojos. ¿El gobierno de la ciudad debe ser un mero generador y gestor de servicios públicos, y el ciudadano por tanto será simplemente un cliente o usuario de servicios financiados con fondos públicos? ¿O es posible vivir la ciudad de manera diferente? ¿Puede la ciudad cumplir una función educativa, o esta función debe dejarse en manos de las escuelas y de las familias?

¿El gobierno de una ciudad debe ser un mero generador y gestor de servicios públicos, o puede la ciudad cumplir otras funciones, entre ellas una función educativa?

M. Rosario Limón Mendizábal y Juan A. Crespo Carbonero señalan que el concepto de Ciudad Educadora concibe al medio urbano, a la vez, como entorno, agente y contenido de la educación. La ciudad constituye un entorno educativo, porque sirve de contexto de instituciones y acontecimientos educativos. La ciudad también sería un agente educativo: un vehículo, un instrumento, un emisor de educación. Y la ciudad proporciona, además, un contenido educativo; constituye, en sí misma, un objeto de conocimiento.

En el año 1990 se celebró en Barcelona el I Congreso Internacional de Ciudades Educadoras, y las ciudades que participaron en el mismo recogieron en la Carta inicial los principios básicos para el impulso educativo de la ciudad. En su preámbulo, se señala que “la ciudad educadora ha de ejercitar y desarrollar esta función paralelamente a las tradicionales (económica, social, política y de prestación de servicios), con la mira puesta en la formación, promoción y desarrollo de todos sus habitantes”. Hoy más que nunca, asegura, la ciudad dispone de incontables posibilidades educadoras. La ciudad es “un sistema complejo y a la vez un agente educativo permanente, plural y poliédrico, capaz de contrarrestar los factores deseducativos”.

El Preámbulo de la Carta también nos recuerda la importancia de conjugar la Educación formal con intervenciones educativas no formales e informales. Jaume Trilla Bernet lo expresa de la siguiente manera: “la ciudad educativa es un entramado de instituciones y lugares educativos. Los nudos más estables y obvios de esta trama están constituidos por las instituciones formales de educación (escuelas, universidades, etc.). Pero coexisten con ellas, por un lado, todo el conjunto de intervenciones educativas no formales (organizadas a partir de objetivos explícitos de formación o enseñanza pero fuera del sistema de la enseñanza reglada: educación en el tiempo libre, auto-escuelas, etc.), y, por otro lado, el difuso y penetrante conjunto de vivencias educativos informales (espectáculos, publicidad, relaciones de amistad, etc.). Quizás el medio urbano sea precisamente el mejor ejemplo de las constantes interacciones entre estos modos de educación.”

Los gobiernos locales tienen la responsabilidad de desarrollar todas las potencialidades educativas que alberga la ciudad, y esto lo harían incorporando a su proyecto político los veinte principios de la ciudad educadora, recogidos en su Carta. Entre otros, se recogen y desarrollan la supresión de los obstáculos de cualquier tipo, incluidas las barreras físicas, que impidan el ejercicio del derecho a la igualdad; la educación en la diversidad; el fomento del diálogo entre generaciones, a través de proyectos concretos; la necesidad de que la ciudad encuentre, preserve y presente su propia y compleja identidad; la ordenación del espacio físico, que deberá atender las necesidades de accesibilidad, encuentro, relación, juego y esparcimiento y un mayor acercamiento a la naturaleza; el fomento de la participación ciudadana desde una perspectiva crítica y corresponsable; la garantía de la calidad de vida de sus habitantes; el ofrecimiento a sus habitantes de la perspectiva de ocupar un puesto en la sociedad; o también la estimulación del asociacionismo.

Asociación Internacional de Ciudades EducadorasEl movimiento de las Ciudades Educadoras se formalizó como Asociación Internacional en el III Congreso celebrado en Bolonia en el año 1994. Las ciudades tiene la posibilidad de unirse al movimiento, asociándose junto a las que han aceptado los principios de la Carta.

Una buena forma de impulsar las posibilidades de la Ciudad Educadora es a través de los Planes Estratégicos de Desarrollo de las ciudades. Una de las ciudades que ha decidido incorporar al mismo su compromiso como Ciudad Educadora es la ciudad de Granollers. El II Plan Integral de Desarrollo de esta ciudad recoge una visión sintética del futuro de la ciudad: “Granollers, Ciudad Educadora”. Una ciudad educadora, asegura el documento, “no es la que se pone sólo al servicio de los centros educativos y de la enseñanza, sino que toda ella educa, es decir, transmite valores y conocimientos”.

Son ocho los valores y las ideas referenciales del desarrollo estratégico de la ciudad de Granollers como ciudad educadora: gobernanza democrática, creatividad, convivencia, conocimiento, competitividad, cohesión social, cohesión territorial y sostenibilidad, y compromiso cívico. Los cuatro objetivos generales o estratégicos de Granollers como ciudad educadora son los siguientes: convertir la ciudad en un espacio urbano de calidad, hacer de la innovación y del capital humano la base del desarrollo, hacer crecer el capital social de la ciudad desde la diversidad, y fortalecer y desplegar el potencial creativo de las personas. Las estrategias para desplegar los cuatro objetivos generales se ha agrupado en cuatro áreas de actuación: territorio, desarrollo económico, bienestar de las personas y cohesión social; y formación, cultura y deporte. En cada una de estas áreas se formulan unas estrategias (hasta un total de doce), que se desarrollan en varios proyectos o programas de actuación (cuarenta y siete). En las estrategias y proyectos están presentes los valores relacionados con el modelo de ciudad educadora.

Una ciudad educadora, según el plan Estratégico de Desarrollo de Granollers, no es la que se pone sólo al servicio de los centros educativos y de la enseñanza, sino que toda ella educa, es decir, transmite valores y conocimientos.

La ciudad educadora debe conceder el necesario protagonismo a los niños y a los jóvenes, como se desprende del Preámbulo de la Carta de las Ciudades Educadoras. Francesco Tonucci, pedagogo italiano, en su libro “La ciudad de los niños”, nos recuerda que “la primera y más importante decisión a tomar es la de dar a los niños un papel de protagonistas, concederles la palabra, permitirles que expresen sus opiniones y colocarnos, nosotros los adultos, en la actitud de escuchar, de deseo de comprender y de voluntad de tener en cuenta lo que los niños dicen. Nadie puede representar a los niños sin preocuparse por consultarlos, por implicarlos, por escucharlos. Hacer hablar a los niños no significa pedirles que resuelvan los problemas de la ciudad. Significa, en cambio, aprender a tener en cuenta sus ideas y sus propuestas. No es fácil dar la palabra a los niños, ni comprender lo que dicen. Gianni Rodari hablaba de un oído verde que los adultos deberían tener para escuchar a los niños. Hace falta mucha curiosidad, atención, sensibilidad, sencillez. Hace falta creer que los niños tienen algo que decirnos y que darnos, y que este algo es distinto de lo que sabemos los adultos”.

No podemos desaprovechar las posibilidades educativas que nos ofrecen las ciudades. La ciudad, a través de su gobierno, se puede convertir en promotor y organizador de redes. Y la Escuela puede aunar esfuerzos con la misma para hacer realidad todas estas posibilidades.

 

Fuentes
-Gadotti, Moacir. “Escuela ciudadana, ciudad educadora. Proyectos y prácticas en proceso”. Presentado en la “Primera Conferencia Internacional de educación” Riberao Preto San Pablo, Brasil. Julio 2002
– Trilla Bernet, Jaume. Introducción al Documento “La Ciudad Educadora”. Ayuntamiento de Barcelona. I Congreso Internacional de Ciudades Educadoras. 1990. Pág.13
Plan Estratégico de Desarrollo de Granollers
– Limón Mendizábal, M Rosario, y Crespo Carbonero, Juan A. “Ciudad educadora y nuevos espacios de educación para la salud en las personas mayores”. Educación XXI, número 004, año 2001. UNED Madrid.
Carta de las ciudades educadoras
-Tonucci, Francesco. “La ciudad de los niños. Un nuevo modo de pensar la ciudad”. Editorial Losada, Buenos Aires, Argentina, 2003. Pg 60