02. El Talento compartido, Escuela

Aprendizaje cooperativo

El aprendizaje cooperativo es un concepto diferente de enseñanza y aprendizaje. Está basado en la interacción de los alumnos. Se trata de un concepto del aprendizaje no competitivo ni individualista como lo es método tradicional, sino un mecanismo colaborador que pretende desarrollar hábitos de trabajo en equipo, la solidaridad entre compañeros y que los alumnos intervengan autónomamente en su proceso de aprendizaje.

EC | Madrid | Junio 2012

El enfoque cooperativo pretende superar la tradicional estructura individual y competitiva. Los alumnos tienen mucho que aprender unos de otros si aprenden a colaborar y a compartir sus conocimientos para progresar juntos.

El primero en hablar de aprendizaje cooperativo fue el pedagogo francés Célestin Freinet (1896-1966), un auténtico revolucionario de la educación cuyo sueño era fundar una “Escuela Nueva”: moderna, cooperativa y laica. El de cooperación es uno de los principios en que se basaba su proyecto. En el aula debería reinar un ambiente que facilite la relación maestro–alumno. La cooperación ha de darse entre alumnos, alumnos–maestros y entre maestros; esta última con el objetivo de compartir experiencias y dialogar, poniendo en común los problemas y las posibles soluciones, a fin de mejorar las condiciones de la escuela. De este modo, la organización del aula debe contemplar la participación de los alumnos en la construcción de sus conocimientos (lo que hoy en día conocemos como aprendizaje activo o significativo). La construcción práctica de ese ambiente educativo se realiza por medio de técnicas que se caracterizan por potenciar el trabajo de clase sobre la base de la libre expresión de los niños en un marco de cooperación.

La comunidad y la escuela

A lo largo de los años la escuela se ha ido desvinculando de la familia, de la comunidad, de las organizaciones sociales, de los servicios de salud y de otros servicios de proximidad y ha ido perdiendo la gran riqueza que procedía de la producción comunitaria de la educación. (Joaquín García Roca, 1998)

Actualmente, la educación se identifica exclusivamente con “sistema escolar”, pero en verdad la educación desborda el marco escolar y tiene que buscar vínculos con la calle, la familia, la comunidad… La escuela debe redefinir sus confines, porque no es un compartimento estanco y aislado del exterior. La educación no se acaba en la escuela; esta es un medio más, entre otros, para la educación de los miembros de una comunidad. No podemos separar la enseñanza académica de la educación; pretender que la escuela se encargue de la instrucción y se despreocupe de la educación, dejándola en manos de la familia. La escuela debe instruir y educar, colaborando con los padres y otros agentes educativos.

La escuela es un espacio donde convergen y conviven, con diferentes roles, los alumnos y sus familiares, los profesores y el personal de administración y servicios; cada uno ejerciendo las funciones que le son propias. Todas estas personas configuran una red social, puesto que entre ellos se teje una amplia gama de interacciones que pueden facilitar o entorpecer su convivencia y objetivos.

El centro escolar es una comunidad que forma parte de otra comunidad más amplia: de un pueblo, de un barrio o una ciudad. Por eso, la escuela es DE la comunidad y PARA la comunidad.

Vivimos en una sociedad cada vez más urbana, compleja y despersonalizada. Sin embargo, los procesos educativos tienen que involucrar a todos los agentes sociales.

Debemos promover la convicción de que todos navegamos en el mismo barco, y nos salvamos o hundimos conjuntamente; sentirnos miembros activos de la comunidad y tener metas comunes que beneficien a todos.

 

Escuelas para todos

El aprendizaje cooperativo cobra toda su importancia en el seno de la educación inclusiva. La inclusión es más que un método; es una forma de vivir relacionada con los valores de la convivencia y la aceptación de las diferencias, la tolerancia y la cooperación. La educación no debería ser un instrumento homogeneizador, ya que en la diversidad se dan las mejores oportunidades para aprender.

Una escuela para todos debe responder a las necesidades específicas de sus integrantes. Para ello es fundamental promover el autoaprendizaje, ya que cuantos más alumnos autónomos haya en un aula, más posibilidades tendrán los docentes de ayudar a los que son menos autónomos. Aquí es donde entra en juego el aprendizaje cooperativo.

No se trata de saber más que los demás, sino de saber todo cuanto se pueda y poner lo que se sabe junto a lo que saben los demás para poder alcanzar metas comunes y transformar la sociedad. Debemos formar ciudadanos competentes, pero no competitivos, sino cooperativos. Ciudadanos libres, críticos y responsables. Para ello los alumnos deben ser personas autónomas y críticas, no sólo competentes y hábiles.

Aprender a interactuar con otros de forma cooperativa es un aprendizaje igual de importante que los contenidos académicos.

La cooperación debe estar por encima de la competición. La escuela ha de involucrar a sus miembros para que compartan y cooperen con los demás, no sólo para que trabajen individualmente. Para alcanzar la excelencia no es preciso triunfar sobre los demás.

Se trata de pasar de una estructura individual y competitiva a un modelo de aprendizaje cooperativo. Los alumnos no sólo aprenden porque el profesor enseña, sino porque cooperan entre sí enseñándose unos a otros. El aprendizaje cooperativo se apoya en dos principios:

  1. el aprendizaje requiere la participación directa y activa de los estudiantes. Nadie puede aprender por otro, aunque sí estimularle y ayudarle a hacerlo.
  2. la cooperación y la ayuda mutua permiten ampliar el aprendizaje: aprender más cosas y aprenderlas mejor.

Los objetivos perseguidos por los alumnos han de estar vinculados entre sí. Los miembros de un mismo equipo se tienen que ayudar para superarse a sí mismos, tanto a nivel individual como de grupo. Para conseguirlo, todos deben progresar en el aprendizaje, cada uno al nivel que pueda. Y, de la misma manera, tiene que progresar el grupo de clase, logrando que todos avancen.

El trabajo cooperativo no anula la responsabilidad, el trabajo individual ni el compromiso personal; se sustituye el trabajo solitario por el trabajo personal dentro de equipos. En ellos se dan relaciones constructivas entre alumnos diferentes y se fomenta la ayuda mutua. Esto no significa que haya que trabajar siempre en grupo, durante todo el rato, ni en el mismo grupo, ni en todas las materias.

Crear equipos

Un equipo cooperativo es algo más que un conjunto de individuos que hacen algo juntos, ya sea aprender, trabajar o jugar al fútbol. Si el profesor se limita a decir a unos cuantos alumnos que hagan algo en grupo, es muy difícil que logren hacerlo. Trabajar en grupo no es sencillo ni puede improvisarse. Los alumnos tienen que aprender a hacerlo: tienen que conocerse (la duración de los grupos debe ser, al menos, de un trimestre) y aprender a organizarse como equipo. En todo equipo debe haber:

  • diversidad
  • interdependencia positiva
  • interacción estimulante
  • igualdad de oportunidades
  • responsabilidad individual
  • habilidades de equipo
  • revisión de los resultado
  • objetivos para mejorar

Claves para el buen funcionamiento de los grupos:

  • que los miembros se conozcan y confíen unos en otros
  • que se comuniquen entre sí con precisión y claridad
  • que se acepten, se apoyen y se animen mutuamente
  • que resuelvan los posibles conflictos de manera constructiva.

El trabajo en equipo no se puede improvisar ni introducir de golpe. Los chicos deben ir reflexionando y descubriendo poco a poco la importancia de trabajar en equipo, tener experiencias positivas y entender que aprenden más y disfrutan más aprendiendo juntos. Los grupos de aprendizaje se pueden organizar de varias formas: equipos de base (heterogéneos, de larga duración, de 4 a 6 miembros), esporádicos (para alguna actividad breve y concreta, por parejas o tríos) y grupos de expertos (un alumno de cada grupo base aprende sobre un determinado contenido y luego lo explica al resto).

Thomas Lickona propone una clasificación más específica:

  • Compañeros de aprendizaje: grupos de dos alumnos.
  • Grupos aleatorios de tres o más alumnos.
  • Equipo de alumnos: grupos de cuatro alumnos según sus distintas capacidades y otras características personales.
  • Aprendizaje facilitado: se dividen los temas que se van a estudiar en diferentes aspectos y se asigna cada uno de ellos a un grupo que se convierte en “experto” en ese tema.
  • Proyectos de grupos pequeños: varios alumnos trabajan juntos en un mismo tema, destacando la resolución de problemas en equipo, la creatividad y la investigación.
  • Competición de equipos: si tiene lugar en una clase en la que hay un fuerte sentido de la comunidad, la competición puede ser motivadora y divertida.
  • Proyectos de toda la clase: pueden desarrollar un fuerte sentido de la cooperación en todo el grupo.

Estudios sobre las ventajas del aprendizaje cooperativo, como el de Johnson y Johnson (1997), indican que el rendimiento de los alumnos es superior y el nivel de razonamiento más elevado en entornos cooperativos que en estructuras de aprendizaje individualistas o competitivas. También estimula el pensamiento crítico, aumenta el número y calidad de las ideas, fomenta la autoestima y proporciona una mayor amplitud de miras al estar en contacto con puntos de vista diferentes. Para Lickona, el aprendizaje cooperativo beneficia a los alumnos en varios aspectos:

  • Transmitiendo el valor de cooperar
  • Formando una comunidad en la clase
  • Enseñando habilidades vitales básicas
  • Mejorando el logro académico, la autoestima y la actitud hacia el colegio
  • Ofreciendo una alternativa a las evaluaciones
  • Reduciendo los aspectos negativos de la competitividad.
Fuentes
Educación del carácter. Cómo nuestros colegios pueden enseñar respeto y responsabilidad. Thomas Lickona. Bantam Books, 1991.
Aprender juntos alumnos diferentes. Los equipos de aprendizaje cooperativo en el aula. Pere Pujolàs. Eumo editorial, Barcelona 2004.