02. El Talento compartido, Escuela

La quinta disciplina en la escuela

Una “escuela que aprende” no es tanto un lugar separado como un lugar de encuentro para el aprendizaje, dedicado a la idea de que todos los que están implicados en él, individual y conjuntamente, estarán continuamente mejorando y expandiendo su concienciación y capacidades.

Debemos plantearnos la siguiente cuestión: ¿qué sucedería si la escuela fuese tratada como un sistema vivo y no como una máquina?, se pregunta Peter Senge. Los sistemas vivos crecen, evolucionan, forman nuevas relaciones. Si estudiamos a los sujetos como si estuviesen vivos, el aprendizaje estaría centrado en el que aprende, y no en el profesor: se apoyaría la variedad, no la homogeneidad; se entendería el mundo de la interdependencia y el cambio, no se trataría de memorizar los hechos y luchar por dar las respuestas correctas. Si se trata a las escuelas como sistemas vivos, se explorarían continuamente las teorías en uso de todos los implicados en el proceso educativo; y se reintegraría la educación dentro de las redes de relaciones sociales que unen familias, amigos y comunidades. Se trata de hacer del ambiente escolar un lugar de aprendizaje para todos los implicados. El colegio debe hacer de la vida de los chicos, y no de la clase, el centro del aprendizaje.

¿Qué sucedería si la escuela fuese tratada como un sistema vivo y no como una máquina?

En cualquier esfuerzo que hagamos para fomentar las “escuelas que aprenden”, los cambios marcarán la diferencia solamente si tienen lugar en tres niveles, los de la clase, la escuela y la comunidad.

El primer nivel, el de la clase que aprende, tiene tres componentes: los profesores, los estudiantes, y los padres. Cada escuela debe tener, en primer lugar, como parte de su propósito, la promoción y desarrollo, el cuidado y la seguridad-un reconocimiento de la importancia-de sus profesores. En segundo lugar, los profesores deben actuar como administradores de sus estudiantes, fomentando sus relaciones entre ellos y con la base del conocimiento. La administración significa comprometerse con toda la comunidad de aprendizaje de la escuela, no solamente con su clase y sus estudiantes. En tercer lugar, los profesores deben ser aprendices continuos y de por vida, tanto en relación con los conocimientos de su asignatura, como con el arte de la enseñanza, evolucionando a lo largo de sus vidas. Los estudiantes no deben ser pasivos receptores de conocimiento, sino co-creadores del conocimiento y partícipes de la evolución de la escuela. Los padres y los profesores se necesitan entre ellos para establecer clases y escuelas que aprenden.

El segundo nivel es el de la escuela que aprende. Las clases requieren una infraestructura que las sostenga. Las escuelas y los sistemas escolares son organizaciones formales, con una estructura jerárquica y un conjunto de constituyentes clave. La escuela también es un sistema social (una fuente de amistad y estatus social para la mayoría de los estudiantes que forman parte de ella), un lugar donde los estudiantes deben ir durante determinadas horas, una fuente de desarrollo constante y entrenamiento para su plantilla, y en muchos sitios un lugar de trabajo sindicalizado, lo que otorga diferentes niveles de complejidad.

El tercer nivel es el de la comunidad que aprende. La comunidad es un ecosistema de aprendizaje donde el colegio o universidad opera. La clase únicamente proporciona a los chicos una pequeña parte de lo que aprende durante la semana. El resto viene de una variedad muy amplia de actividades e intereses, desde la influencia de los medios de comunicación a la relación con los amigos y compañeros. Una comunidad operativa efectiva (o clase o escuela) es aquella en la que la gente reconoce las redes de influencia invisible, buscan fortalecerlas, y se sienten responsables de todos los conectados a ella.

En cualquier esfuerzo que hagamos para fomentar las “escuelas que aprenden”, los cambios marcarán la diferencia solamente si tienen lugar en tres niveles, los de la clase, la escuela y la comunidad.

Debemos poner en marcha un ciclo de aprendizaje profundo. El aprendizaje tiene lugar cuando nuevas aptitudes y capacidades, nueva conciencia y sensibilidad, y nuevas actitudes y creencias se refuerzan las unas a las otras. Los cambios en el círculo de aprendizaje profundo pueden ser profundos e incluso irreversibles, pero son difíciles de iniciar.La manera de hacerlo es a través de la práctica de cinco disciplinas, que nos ayudan a activarlo. Las cinco disciplinas, descritas por Peter Senge en el libro del mismo título, son las del dominio personal, los modelos mentales, la visión compartida, el aprendizaje en equipo, y el pensamiento sistémico, disciplina esta última que integra al resto y sirve de piedra angular (para profundizar en ellas, se puede acudir al artículo sobre Peter Senge en la sección Observatorio)

Nelda Cambron-McCabe y Janis Dutton proponen una “pedagogía para las cinco disciplinas”, que deberíamos empezar a aplicar en clase si queremos que ésta se convierta en una “clase que aprende”. Tradicionalmente, se ha seguido un modelo de pedagogía de la transmisión, donde los expertos le dicen a los estudiantes lo que deben saber. También tenemos otro tipo de pedagogía, la pedagogía generativa, que se construye sobre la creencia de que el aprendizaje tiene tanto que ver con el contenido como con el proceso, y que los estudiantes que más activamente se implican en el proceso retienen más y tienen una comprensión más profunda del contenido. Un tercer tipo de pedagogía, la pedagogía transformativa, es la que nos puede servir de base para la aplicación de las cinco disciplinas. Esta pedagogía tiene en común con la generativa el compromiso del aprendiz activo, pero lo extiende de la clase al mundo. Cuando un individuo accede al ciclo de aprendizaje profundo, esto le proporciona medios para pensar críticamente sobre el mundo, por lo que el aprendizaje es un proceso de transformación social y no sólo personal.

¿Y cómo podemos aplicar las cinco disciplinas en la escuela? Pongamos un ejemplo concreto. Tim Lucas propone reunir a un grupo de gente, entre 80 y 200 personas, para una sesión reflexiva, como una buena práctica para aplicar la disciplina de la visión compartida en la escuela. El propósito sería reconsiderar la visión de la escuela, escuchar informes sobre los esfuerzos piloto del año, y añadir nuevas metas y traer nuevos problemas a la superficie. El encuentro estaría dividido en una sesión sobre la realidad actual (¿qué está pasando ahora con el sistema escolar?), una sesión sobre la visión (¿qué queremos crear aquí?), y una sesión sobre las estrategias prioritarias (¿en qué elegimos poner nuestra atención?).

Las “escuela que aprende” requiere de una comunidad que fomente el aprendizaje alrededor de ella. Una comunidad de aprendizaje comparte un compromiso mutuo con sus escuelas. La comunidad nutre, apoya, cuida a la escuela, le sirve de desafío, y vela por el desarrollo de sus chicos. Las instituciones comunitarias interaccionan con los residentes de una comunidad y con la escuela, y los chicos se benefician de esta interacción. La comunidad debe desarrollar una estrategia de aprendizaje de tres maneras: involucrándose en la creación de una identidad común, construyendo una visión compartida para esta comunidad; estableciendo conexiones, con la idea de convertir a las escuelas en actores prominentes de la comunidad; y desarrollando una visión sostenible, consciente de las implicaciones a largo plazo de nuestras acciones de hoy.

Bibliografía
- Schools that learn. A fifth discipline fieldbook for educators, parents and everyone who cares about education (Escuelas que aprenden. Un manual de la quinta disciplina para educadores, padres, y todos los que se preocupan por la educación). Peter Senge, Nelda Cambron-McCabe, Timothy Lucas, Bryan Smith, Janis Dutton, Art Kleiner. Doubleday, Nueva York, 2000